miércoles, 15 de agosto de 2012

¿Cuando vuelven las ganas?

Ayer visité el médico especialista por miedo a que el tiempo que llevo fumando haya causado estragos en mi  garganta y específicamente en unas glándulas que se aprecian debajo de la lengua cuyo nombre desconozco.    Cuando estaba en mis peores días de fumador  despertaba con un sabor amargo espantoso todos los días  además cuando fumaba y tomaba bebidas alcohólicas el amargo sabor se multiplicaba y aparecía un dolor extraño nunca aprendí a describirlo bien. Me parece que sólo alguien que lo haya padecido podría entenderme, la sensación es muy parecida a cómo si halaran debajo de tu lengua. La cuestión es que este asunto me traía muy preocupado y si hay algo  que me preocupa mucho más hasta producirme pánico se llama cáncer, casi ni puedo mencionar esta palabra. El miedo había hecho que por muchos años haya pospuesto mi visita al medico craso error teniendo en cuenta que el dolor persistía. En definitiva mi visita al especialista no terminó en nada, la médico me examinó con un aparato que tenía una cámara y que permitía la proyección de imágenes en una pantalla, sólo dijo que tenia las amígdalas un poco grandes pero nada de que preocuparme.

He aquí lo interesante de la cuestión: justo cuando la médico estaba terminando de pronunciar aquello que parecía un veredicto favorable, mi boca empezaba a saborear las mieles de la victoria y cómo podría imaginarse otro adicto a la nicotina y al tabaco, me imaginaba celebrando esta parcial victoria con un "buen" cigarrillo.

Parece que no había tiempo para la reflexión, nada más quería llegar a aquel antro donde los cigarrillos saben mejor, estaba lejos de ese sitio, de ese ambiente donde todos fuman y donde cualquier excusa es buena para hacerlo.

Algunos se preguntarán ¿por qué no simplemente comprar unos cigarrillos en cualquier lugar y listo? Respuesta: cosas de adictos. Hay un lugar, hay una forma, para todo.

Después de varias horas llegué al antro, salude algunas caras conocidas. alguien encendió un cigarrillo y apareció mi mal genio, la contradicción, hice un gesto de desagrado, pedí un refresco, seguí hablando, terminé mi refresco y me marché a casa.

No es fuerza de voluntad, es un sincero deseo, un segundo para pensar. Por estas 24 horas no fumo. Sólo por hoy no fumo.




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